En un mundo donde los sistemas financieros se utilizan como armas contra la disidencia, Bitcoin se ha convertido en una estrella guía de la libertad económica. En We Are Innovation, creemos en soluciones innovadoras que beneficien a la sociedad. Cuando se trata de proteger los derechos humanos, ¿puede la tecnología y Bitcoin hacer algo al respecto? Win Ko Ko Aung, un defensor de la adopción global de Bitcoin en la Human Rights Foundation y el Bitcoin Policy Institute, cree que sí.
Win es un exactivista de Birmania que vivió en carne propia las consecuencias de la exclusión durante la revolución. El mecanismo es simple: unas pocas declaraciones imprudentes que no se alinean con la agenda del gobierno, y por «fuerzas milagrosas», las cuentas bancarias quedan congeladas.
¿Cómo se sobrevive sin acceso a cuentas bancarias? ¿Qué hacer si tus ahorros, información bancaria, historial de transacciones y todos tus datos sensibles están bajo la vigilancia del gobierno? ¿Cómo salir de un país con un régimen autoritario? ¿De qué vivir si tus cuentas están congeladas y te encuentras en el extranjero? ¿Qué hacer si hay una guerra en tu país y cualquier ayuda que llegue del exterior se ve atrapada en largos e innecesarios procesos burocráticos?
Después de debatir todos estos temas con Win en Nueva York mientras tomábamos un café, pensamos: ¿por qué no ampliar esta conversación? No soy programadora ni desarrolladora, pero, por experiencia personal y por mi entorno profesional, sé qué dificultades enfrentan los civiles, activistas y comunidades marginadas en el actual contexto geopolítico.
La evolución lógica de nuestra charla fue organizar un webinario sobre Bitcoin, al que invitamos a nuestros amigos y colegas. Mientras trabajaba en este evento, tenía un objetivo muy claro: reunir a representantes de la comunidad internacional y discutir no solo cómo Bitcoin ayuda en distintas partes del mundo, sino también qué está sucediendo globalmente, cómo estas personas llegaron a este nicho y por qué. No de manera abstracta, sin frases grandilocuentes como «esta es la tecnología del futuro». Gente real y ejemplos concretos.
Junto a Win y a mí, la conversación contó con Jorge Jraissati, presidente del Economic Inclusion Group, y Viktoria Zaichenko, organizadora de meetups de Bitcoin en Kyiv y directora de eventos en Ukrainska Pravda. Todos coincidimos en algo: Bitcoin no es solo una inversión o una herramienta de trading. Bajo regímenes opresivos, es una herramienta de supervivencia.
Censura Financiera: Un Arma Silenciosa Contra la Disidencia en Birmania
Para muchos defensores de los derechos humanos, la represión financiera es una realidad cotidiana. Los gobiernos pueden congelar cuentas bancarias, bloquear transacciones y cortar el acceso a fondos para silenciar a la oposición. Esto es especialmente cierto en regímenes autoritarios, donde los activistas son sistemáticamente excluidos del sistema financiero.
Bitcoin cambia las reglas del juego. Como red sin permisos y resistente a la censura, permite a las personas recibir, almacenar y enviar fondos sin interferencias. En Birmania, por ejemplo, tras el golpe militar de febrero de 2021, la Junta tomó rápidamente el control del sistema financiero para reprimir la disidencia.
Activistas y grupos prodemocracia enfrentaron una exclusión financiera severa: sus cuentas fueron congeladas y cada transacción fue monitoreada. Bitcoin se volvió esencial para eludir estas restricciones, permitiendo a los defensores de la libertad en Birmania mantener acceso a financiamiento crucial y proteger sus operaciones de represalias financieras.
Para quienes están en el terreno en Myanmar, Bitcoin les permite financiar sus campañas, recibir donaciones y coordinar la resistencia sin el constante riesgo de vigilancia o represión gubernamental. Al recurrir a las finanzas descentralizadas, los defensores de la democracia en Myanmar no solo luchan por la libertad política, sino que también recuperan su soberanía económica frente al autoritarismo.
Venezuela: Bitcoin como un Salvavidas
Jorge Jraissati, presidente del Economic Inclusion Group y activista por los derechos humanos, ha visto de primera mano cómo Bitcoin sirve como herramienta de resistencia no violenta. En Venezuela, años de colapso económico, hiperinflación y represión sistemática han dejado a los ciudadanos en una crisis financiera. El sistema bancario tradicional se ha convertido en un arma contra los disidentes: las cuentas son congeladas, el acceso a fondos es restringido y el gobierno controla la vida económica.
Bitcoin ofrece una salida. Los venezolanos lo están utilizando para preservar su riqueza, enviar y recibir dinero internacionalmente y esquivar las restricciones impuestas a cuentas y transacciones bancarias. Las tecnologías financieras permiten a las personas actuar con libertad cuando los sistemas tradicionales fallan.
Además, muchos venezolanos que han huido a Europa también enfrentan numerosas barreras para acceder a servicios bancarios básicos. Se encuentran con acceso limitado al crédito, falta de documentación y retrasos interminables en la tramitación de sus solicitudes. Abrir una cuenta bancaria es, a menudo, imposible o está sujeto a restricciones. Bitcoin les permite sortear la burocracia y evitar la exclusión financiera, abriendo puertas que los sistemas tradicionales mantienen cerradas. Todo lo que necesitan es una conexión a Internet y una billetera digital.
El Poder de las Donaciones en Bitcoin
Un caso emblemático fue una donación en Bitcoin equivalente a 500.000 dólares, que desempeñó un papel crucial en la financiación de la defensa y los esfuerzos humanitarios en Ucrania. Esta donación demostró cómo las criptomonedas pueden sortear las barreras impuestas por los gobiernos. Ayudó a proporcionar suministros médicos, alimentos y refugio, brindando alivio a quienes quedaron atrapados en la guerra y a los desplazados internos.
Este es solo un ejemplo del impacto único de Bitcoin en causas humanitarias durante crisis. Sin embargo, su ventaja tecnológica es particularmente crucial en Ucrania, donde las sanciones y restricciones financieras dificultan la llegada de ayuda internacional. Pero este creciente uso de Bitcoin en la asistencia humanitaria también plantea una preocupación urgente: el riesgo de sobrerregulación.
Con los debates actuales sobre la aprobación de una nueva ley sobre activos virtuales, está claro que endurecer las normativas podría sofocar los beneficios de Bitcoin. Si la ley entra en vigor, los ingresos cripto serán gravados con un impuesto basado en el modelo de ingresos por inversión: 18% + un impuesto militar del 5%, es decir, un total del 23%.
¿Y ahora qué?
Nuestra reciente conversación global en We Are Innovation dejó claro que, en un momento en el que la soberanía financiera está bajo amenaza constante, Bitcoin ofrece una alternativa a los sistemas centralizados que históricamente han oprimido a los más vulnerables.
Sin embargo, mientras celebramos el poder de la innovación, también debemos ser conscientes de los desafíos regulatorios que enfrenta. El papel de Bitcoin en los derechos humanos, la inclusión económica y la resistencia no está garantizado si no protegemos sus valores fundamentales.
La conversación está lejos de terminar, pero hay algo seguro: Bitcoin no debería verse solo como una moneda o una herramienta para traders. Es una herramienta para ejercer derechos humanos y alcanzar la libertad financiera. Y ha llegado para quedarse. Dicho esto, cuando la libertad económica está en juego, la innovación es el futuro.
* Tetiana Rak es la COO de We Are Innovation. Periodista y activista por la libertad con ocho años de experiencia, Tania ha trabajado con medios reconocidos como CNN, TechCrunch, Fox News, HackerNoon, BBC y Radio Free Europe, entre otros. Su compromiso con la promoción de la innovación tecnológica y la transformación digital global le ha valido una reputación destacada en el sector. Marcada por la experiencia de la guerra en Ucrania, Tania defiende el avance de la tecnología como una herramienta clave para impulsar la libertad, permitiendo que las personas hablen, actúen y busquen su felicidad sin restricciones externas innecesarias.
Fuente: Somos Innovación