No Es un Problema Tecnológico: Un Nuevo Informe Afirma que la Seguridad en el Suministro de Isótopos Médicos Está al Alcance

Roma, Italia (26 de agosto de 2026) Somos Innovación acaba de publicar un nuevo informe sobre medicina nuclear. El documento se titula “El reactor en la sala: la energía nuclear civil como motor subutilizado para la seguridad de los isótopos médicos” y está escrito por Mario Spoltore, candidato a doctor en medicina en la Universidad Sapienza de Roma. En él se advierte que el suministro mundial de isótopos médicos sigue dependiendo peligrosamente de un pequeño número de reactores nucleares que se están quedando obsoletos, lo que pone en riesgo millones de procedimientos de diagnóstico y tratamientos oncológicos emergentes.

Los isótopos médicos se utilizan en alrededor de 30 millones de procedimientos cada año. El tecnecio-99m, el isótopo de diagnóstico más utilizado en el mundo, es fundamental para aproximadamente el 85 por ciento de las exploraciones de medicina nuclear; sin embargo, casi todo el suministro mundial depende de solo siete reactores de investigación, la mayoría de los cuales tienen más de 50 años.

El informe sostiene que esta concentración ha generado vulnerabilidad. Dado que muchos isótopos médicos se desintegran rápidamente y no pueden almacenarse, las interrupciones en los reactores pueden afectar a los hospitales en cuestión de días. Durante una escasez entre 2009 y 2010, el suministro cayó hasta un 70 por ciento por debajo de la demanda. Otra interrupción importante ocurrió a finales de 2024, cuando una parada no planificada en los Países Bajos coincidió con trabajos de mantenimiento en otros reactores europeos.

Al mismo tiempo, una nueva generación de tratamientos oncológicos dirigidos está aumentando la demanda de una producción confiable de isótopos. El informe destaca el actinio-225, un isótopo prometedor para la terapia alfa dirigida, cuyo suministro global histórico ha sido suficiente para tratar a menos de 100 pacientes al año. En 2024, se suspendió un ensayo clínico en etapa avanzada porque no había suficiente actinio-225 disponible.

El informe señala a Canadá como prueba de que es posible un modelo diferente. Las centrales nucleares comerciales CANDU pueden producir isótopos médicos sin dejar de generar electricidad. Bruce Power ha producido el isótopo lutecio-177, utilizado para el tratamiento del cáncer, en un reactor de potencia en funcionamiento, mientras que la central de Darlington, en Ontario, se convirtió en el primer reactor de potencia comercial autorizado para producir molibdeno-99, el isótopo que se utiliza en millones de exámenes de diagnóstico.

Argentina también se identifica como un importante contribuyente emergente. Su reactor multipropósito RA-10 y la infraestructura asociada para la producción de isótopos podrían dotar al país de una capacidad equivalente a alrededor del 18–20 por ciento de la demanda mundial de molibdeno-99 para fines de la década, al tiempo que respaldarían la producción de isótopos terapéuticos.

El informe aboga por una regulación más inteligente e incentivos de mercado más sólidos. Recomienda procesos de autorización más claros para la producción de isótopos en reactores comerciales, precios que reflejen el costo real de una producción confiable, inversión en capacidad de reserva, trámites aduaneros y de transporte más rápidos para los isótopos de vida corta, y un mayor apoyo a la producción de nuevos isótopos terapéuticos.

El autor, Mario Spoltore, explica: “La energía nuclear comercial se ha convertido, sin mucho alboroto, en una de las industrias que más vidas salvan en el mundo, y apenas está comenzando a demostrar lo que puede aportar a la medicina. Nuestra investigación revela que la tecnología ya funciona, que se comprenden los aspectos económicos y que hay al menos un caso claro de un país que lo está haciendo bien: Canadá produce medicamentos contra el cáncer dentro de las mismas centrales eléctricas que iluminan sus ciudades. Lo que queda por resolver es, en gran medida, una cuestión de coordinación. Esa es una conclusión menos dramática que un llamado a una innovación revolucionaria, pero mucho más factible. También significa que nuestra dependencia de un puñado de reactores de investigación que están envejeciendo es una elección, y una que podemos dejar de hacer”. 

El desafío central ya no es si la tecnología existe, sino si las políticas y la inversión pueden ponerse al día. Los reactores comerciales ya están produciendo medicamentos contra el cáncer al mismo tiempo que generan electricidad; las nuevas terapias están prolongando la vida de los pacientes, y las reformas anteriores han demostrado que la seguridad nuclear y el suministro médico confiable pueden avanzar de la mano.

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