Durante décadas, Nueva Zelanda ha adoptado medidas para disuadir a sus ciudadanos de fumar. Las autoridades probaron varios enfoques, entre ellos el aumento de los impuestos sobre el tabaco, los espacios públicos libres de humo, las advertencias sanitarias gráficas, los envases genéricos y las campañas intensivas de salud pública. Gracias a estos esfuerzos, las tasas de tabaquismo disminuyeron de forma constante. Sin embargo, el progreso fue gradual, sobre todo entre la población maorí, que históricamente ha presentado tasas de tabaquismo más elevadas.
No obstante, el panorama cambió drásticamente hacia 2018/19. Las tasas de tabaquismo comenzaron a descender rápidamente, sobre todo entre las comunidades indígenas. Un nuevo artículo revisado por pares, publicado en The Lancet Regional Health – Western Pacific y escrito por Robert Beaglehole, Ruth Bonita y Ben Youdan, analiza lo que ocurrió. Basándose en más de veinte años de datos nacionales, los autores exploran cómo esta nación insular experimentó uno de los descensos más rápidos del tabaquismo jamás registrados en un país de altos ingresos y qué lecciones puede aportar esto para el control del tabaco a nivel mundial.
A finales de la década de 2010, aunque las medidas tradicionales de control del tabaco de Nueva Zelanda seguían vigentes, surgió un nuevo factor: el acceso regulado a los productos de vapeo.
En resumen, Nueva Zelanda adoptó un enfoque orientado a la innovación, reconociendo que el vapeo es sustancialmente menos nocivo que fumar cigarrillos combustibles. Las autoridades sanitarias comenzaron a respaldar los cigarrillos electrónicos como herramienta para dejar de fumar, pero también introdujeron normativas para proteger a los jóvenes. Estas normativas incluían restricciones de edad, controles de comercialización, limitaciones en los sabores y normas sobre los productos.
Según los autores, el momento en que se produjo este fenómeno merece especial atención. El fuerte aumento del vapeo entre los neozelandeses coincidió con una aceleración significativa en el descenso de las tasas de tabaquismo a partir de 2018/19, especialmente entre los adultos que habían tenido dificultades para dejar de fumar mediante métodos tradicionales. Aunque el estudio no afirma que el vapeo por sí solo provocara este descenso, concluye que el acceso regulado a productos de nicotina más seguros contribuyó a ello, junto con las medidas de control del tabaco ya existentes.
El control tradicional del tabaco se ha centrado en prevenir el tabaquismo y animar a los fumadores a dejarlo por completo. Los Productos Innovadores de Nicotina (PIN) añaden la opción de cambiar primero. El objetivo no es fomentar el consumo de nicotina, sino reducir las devastadoras consecuencias para la salud causadas por la combustión del tabaco. Los INP contienen muchos menos componentes tóxicos que los cigarrillos combustibles y pueden ofrecer una vía más realista para dejarlos.
Además, uno de los aspectos más alentadores de la experiencia de Nueva Zelanda es que las mayores mejoras se produjeron en las comunidades con las tasas de tabaquismo más elevadas.
El artículo señala que las poblaciones maoríes y las personas que viven en barrios más desfavorecidos experimentaron algunas de las mayores reducciones en la prevalencia del tabaquismo a partir de 2019.
Otro grupo que se vio afectado positivamente fue el de los jóvenes. Desde ese momento, el consumo diario de tabaco entre los adolescentes neozelandeses ha seguido disminuyendo y ha alcanzado niveles históricamente bajos. Además, tras el endurecimiento de la normativa sobre el vapeo en 2021, el consumo de cigarrillos electrónicos entre los jóvenes también comenzó a descender.
Esto sugiere que una regulación prudente y basada en la evidencia, en lugar de la prohibición, puede perseguir dos importantes objetivos de salud pública al mismo tiempo: reducir el tabaquismo juvenil y limitar el consumo de cigarrillos electrónicos entre los jóvenes.
El artículo de The Lancet destaca varias lecciones importantes para los responsables políticos:
- En primer lugar, las medidas integrales de control del tabaco siguen siendo esenciales. Las leyes antitabaco, los impuestos, las campañas educativas y las restricciones publicitarias contribuyen a reducir el tabaquismo.
- En segundo lugar, la reducción de daños puede complementar estos enfoques tradicionales. Ofrecer a los fumadores adultos acceso a productos de nicotina más seguros puede acelerar la disminución del consumo de cigarrillos, especialmente entre las poblaciones que sufren la mayor carga de enfermedades relacionadas con el tabaco.
- En tercer lugar, la regulación es importante. Las políticas deben maximizar las oportunidades para que los fumadores adultos cambien de hábito, al tiempo que minimizan el acceso de los jóvenes.
- En cuarto lugar, a medida que el tabaquismo se concentra en poblaciones más reducidas y desfavorecidas, las futuras estrategias de control del tabaco deberán ser cada vez más específicas y centradas en la equidad.
Aunque cada país tiene su propio contexto normativo y cultural, la experiencia de Nueva Zelanda aporta valiosas pruebas del mundo real de que la innovación, la regulación basada en la evidencia y un enfoque sostenido en la reducción de los daños del tabaco combustible pueden combinarse para acelerar el progreso hacia un futuro sin humo.
* Beatriz Santos es la Directora de Comunicación (CCO) de Somos Innovación. Reside en Lisboa, Portugal. Beatriz comenzó a publicar artículos en el periódico de su universidad y, con el tiempo, pasó a publicar en medios de alcance nacional e internacional, incluidos los conocidos medios portugueses NOVO y Observador. Su carrera profesional incluye experiencia en comunicación internacional con la agencia ATREVIA y el Parlamento Europeo. También ha publicado dos libros y forma parte esencial de la organización Students For Liberty en Portugal. Centrada en el cambio positivo y la cooperación mundial, Beatriz busca activamente alianzas en todo el mundo para promover iniciativas innovadoras.
Fuente: Somos Innovación









